De adolescente, Pedro Martín Núñez aterrorizó las calles de Ciudad Juárez con la violenta MS-13 o Mara Salvatrucha.
Con el tiempo, fue a una cárcel para adultos. Mientras estaba
encarcelado, Núñez mató a golpes a otro recluso, de según reportes
publicados y al propio Núñez.
Pero en su peor momento, cuando estaba a punto de suicidarse, Núñez
encontró a Dios y abandonó su viejo estilo de vida. En los últimos ocho
años, desde que fue liberado de prisión, Núñez ha llevado a cabo un
ministerio informal en la zona de Zaragoza en Ciudad Juárez, trabajando
con exmiembros de pandillas y drogadictos.
Núñez, de 36 años, no tiene formación religiosa formal. Su ministerio no
está afliado a ninguna iglesia más grande, aunque sigue las enseñanzas cristianas. Núñez no hace ningún esfuerzo por ocultar los tatuajes mafiosos de sus brazos. Su propia experiencia le ayuda a acercarse a los jóvenes pandilleros, señala Núñez.
"Yo (soy) como la carnada en el anzuelo para que mucha gente camine hacia Dios", puntualizó.
Alrededor de 60 miembros de pandillas y drogadictos en recuperación
acuden a los servicios religiosos que encabeza Núñez. Ellos lo
consideran su pastor.
Superación de un legado de adicción y encarcelamiento
Núñez ha pasado más de la mitad de su vida (21 años) en prisión.
Solo tenía 2 años cuando su madre mató a su padre. La mujer fue
encarcelada y se lo llevó con ella a la cárcel. La madre de Núñez fue
liberada cuando él tenía 10 años.
Núñez empezó a recorrer las calles. Más de una decena de veces fue
internado en centros de detención para menores por delitos como robo o
posesión de drogas. Cuando era adolescente, se unió a la MS-13, una
violenta pandilla callejera que empezó en El Salvador y se ha extendido a México y Estados Unidos.
"Todas las maldiciones que cayeron sobre mi familia, también cayeron sobre mí", dijo Núñez en una entrevista con Ágora.
Un juego mortal
A los 16 años, Núñez fue enviado a una cárcel para adultos. Tres años más tarde, en su cumpleaños 19, un recluso de una pandilla rival lo retó a un juego mortal, en el cual la primer persona en dormirse tendría que morir.
Núñez mató al hombre a golpes, dijo. El asesinato le valió una condena
de 14 años. Dentro de la cárcel del Cereso, Núñez empezó a consumir
cocaína y heroína introducidas de contrabando a las instalaciones.
Continuó involucrándose en peleas. En una de esas luchas, otro recluso
lo apuñaló. Núñez sufrió heridas en la espalda, los brazos y las
piernas.
En busca de la redención: Luis Ávila, expandillero, asiste a una
ceremonia religosa encabezada por Pedro Martín Núñez en Ciudad Juárez en
2012. [Foto: Jesus Alcázar]
En busca de la redención: Luis Ávila, expandillero, asiste a una
ceremonia religosa encabezada por Pedro Martín Núñez en Ciudad Juárez en
2012. [Foto: Jesus Alcázar]
Las lesiones que sufrió lo dejaron paralizado por todo un año.
El estilo de vida de violencia y abuso de drogas de las pandillas
arruinaron la vida de Núñez. A los 21 años, todo empeoró, le avisaron
que su madre había muerto de una sobredosis.
Abatido por la muerte de su madre y la dirección que había tomado su
vida, Núñez se paró sobre una pileta de lavar en la cárcel y puso una
cuerda alrededor de su cuello; iba a terminar con su vida.
Pero cuando se disponía a saltar de la pileta, Núñez recordó algo que
otro recluso le había dicho cuando supo de la muerte de su madre. El
recluso dijo que Jesucristo lo amaba y que podía cambiar su vida.
De mafioso a hombre de Dios
Núñez se quitó la cuerda y saltó de la pileta. Decidió darle una oportunidad a la fe.
Núñez se unió a un grupo cristiano organizado por sus compañeros
reclusos. Dejó de consumir drogas y convenció al custodio para que le
permitiera ir a otras zonas de las instalaciones, a evangelizar.
Mientras se encontraba en la sección de mujeres, conoció a una mujer que
más tarde se convertiría en su esposa.
En 2004, Núñez recibió la libertad anticipada por buena conducta, cuenta. Se mudó a una pequeña casa en Zaragoza, en un suburbio donde su esposa solía vender drogas.
En poco tiempo, transformó la casa de dos pisos, reservando una habitación que utiliza para los servicios religiosos.
Núñez está construyendo un centro para niños abandonados, que según
dijo, también proporcionará servicios para los jóvenes en riesgo de
unirse a las pandillas.
Núñez y su esposa tienen tres hijos pequeños. Además de ellos, la pareja
ha adoptado a dos adolescentes y a otro niño pequeño. Uno de ellos
solía consumir drogas y el más pequeño, un niño de 11 años, fue
abandonado por sus padres.
El expandillero dijo que desea brindar un buen ejemplo a sus hijos, a
los adolescentes y al niño que él y su esposa están cuidando. "En mi
caso, nunca tuve un padre que me dijera que tenía que luchar por mis
sueños o convertirme en alguien importante", señala Núñez.
El ministerio se extiende
Luis Ávila es un expandillero que regularmente asiste a los servicios
religiosos realizados por Núñez. "Te hace pensar", dice Ávila, "Si él
logró salir de esa vida, yo también puedo".
Núñez pasa parte de su tiempo viajando por México y Estados Unidos, preparando conferencias para expandilleros.
Cuando no está viajando, Núñez atiende su ministerio y aconseja a los
jóvenes a mantenerse apartados de las pandillas y las drogas.
Ciudad Juárez es una importante región de narcotráfico. El Cártel de Juárez está en lucha contra el Cártel de Sinaloa
por el control de las plazas de contrabando de drogas de la región. El
Cártel de Juárez está liderado por Vicente Carrillo Fuentes, alias "El
Virrey". El Cártel de Sinaloa, por su parte, está dirigido por el capo fugitivo Joaquín "El Chapo" Guzmán.
Según las autoridades, la mayoría de las drogas que llegan a Ciudad
Juárez se introducen de contrabando al norte de la frontera hacia EUA.
Pero, según dijo Núñez, una creciente cantidad de drogas se vende en
Ciudad Juárez, poniendo a más jóvenes en peligro de convertirse en
traficantes, adictos o ambas cosas.
Núñez tiene credibilidad entre los jóvenes pandilleros
Su experiencia como expandillero proporciona a Núñez credibilidad entre
los adolescentes que se han unido, o consideran unirse a grupos
delictivos, dijo el Dr. Humberto Brocca, médico de Ciudad de México que brinda tratamiento a drogadictos.
"Para muchos jóvenes, es muy difícil tomar la decisión de dejar la
pandilla (que consideran como su familia)", señaló Brocca. "No es fácil,
no se dan cuenta que el grupo delictivo al que pertenecen también es
responsable de algunos de los peores momentos de su vida".
"La forma en que el pastor ayuda a los demás a alejarse de las pandillas
y las adicciones, desde su propia experiencia de vida a través de un
sentido místico y religioso, es invaluable", señala Brocca. "Muchos
jóvenes se identifican con él y ven la oportunidad de tener una nueva
vida, como ellos dicen: 'si él pudo, nosotros también'''.
EDICION EL BLOG DEL NARCO.COM

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