En Turkmenistán, un hoyo de 70 metros en medio del desierto emite
fuego sin parar desde 1972. Un error de geólogos soviéticos generó el
fenómeno.
Buscaban yacimientos de petróleo o gas. La región, famosa por su riqueza
en ese tipo de combustibles, era uno de los objetivos de Moscú en la
necesidad de proveerse de recursos naturales para sostener la
mastodóntica Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Entonces comenzaron a cavar. Tenían en claro que iban a encontrar, en
primera instancia, gas. Mucho. Pero no se imaginaban que era para tanto.
Según explica Daily Mail en su versión de la historia, el piso colapsó
en un radio de 70 metros y dejó escapar los gases que tanto buscaban.
"(El fuego) puede durar algunos días", especularon. Error. Desde aquella
chispa inicial, el hoyo de fuego no se ha apagado. De noche, se puede
ver desde miles de kilómetros en la oscuridad, y le ha dado una fama muy
poco útil a la cercana población de Derweze, donde apenas viven 350
personas.
En 2010, el presidente de Turkmenistán, independiente desde la
disgregación de la URSS en 1991, prometió que el pozo se cerraría. Pero
Gurbanguly Berdimuhamedow, mandatario desde 2007 tras ganar las
elecciones -no sin acusaciones de fraude previas- con el voto del 29%
del electorado, no ha cumplido.
Pero lo importante no está hacia los costados, sino debajo de este suelo
tan particularmente enriquecido por yacimientos gasíferos que, al menos
en el caso del infernal hoyo de Derweze, parecen interminables.

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