WASHINGTON, D.C. – El presidente Barack Obama y lideres religiosos se
reunieron el viernes, a puertas cerradas, para hablar de reforma
migratoria. El encuentro, celebrado en privado, ocurre en momentos en
que el Congreso alista dos proyectos de ley que serán entregados entre
marzo y abril a los comités judiciales de ambas cámaras.
La Casa
Blanca dijo que la asistencia de representantes de diversos credos fue
"indicativo del creciente consenso a través del país a favor de reparar
el disfuncional sistema migratorio".
"El presidente agradeció a
los líderes por su apoyo y reiteró su firme compromiso para trabajar con
el Congreso de una manera bipartidista, de manera que puede aprobar
pronto y mandar a su escritorio una ley de reforma de sentido común", se
lee en un comunicado.
La Administración dijo además que, durante
el encuentro, los líderes expresaron sus preocupaciones sobre el
impacto que el disfuncional sistema actual tiene en las familias de sus
congregaciones.
¿Qué opina de las gestiones del presidente para
presionar al Congreso a que debata y apruebe una reforma migratoria?
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Más de dos horas
El
noticiero nacional Univision reportó que al encuentro asistieron
líderes católicos, evangélicos, cristianos, mormones, judíos y
musulmanes y que la reunión dilató por espacio de dos horas.
Agregó
que el mandatario pidió a los asistentes sus oraciones “para que la
reforma migratoria se haga realidad”, dijo el arzobispo de Los Angeles,
California, monseñor José Horacio Gómez“. “Fundamentalmente lo que
conversamos es la urgencia que se lleve a cabo”, agregó.
El grupo
también debatió una estrategia política para impulsar la reforma y la
legalización de millones de inmigrantes indocumentados.
Obama
también expresó a los religiosos su esperanza de que el Congreso apruebe
la reforma migratoria en junio. “La ventana es pequeña, pero se puede
hacer. Esperamos ver algo antes del verano”, dijo el reverendo Gabriel
Salguero, de la Coalición Nacional de Evangélicos Latinos.
Camino a la ciudadanía
En
la reunión privada los asistentes y el mandatario compartieron el
imperativo de que la legislación ofrezca la posibilidad de ciudadanía
para los 11 millones de indocumentados.
“Se habló que el cambio
es necesario, que nuestro país tiene que tomar una posición moral. Él
nos desafió a nosotros que si es moral el sistema político y que se
necesita que la iglesia entre en el diálogo”, dijo el reverendo Luis
Cortez, presidente del Grupo Esperanza de Filadelfia.
Los
religiosos también dijeron que nunca antes se va visto este grado de
colaboración y propósito entre las diversas denominaciones.
Josh
Earnert, portavoz de la Casa Blanca, dijo que el presidente Obama
reiteró a los asistentes su fuerte compromiso con un camino a la
ciudadanía para los indocumentados y el énfasis en perseguir a
empleadores que los explotan y en continuar fortaleciendo la frontera.
La
reunión comenzó y finalizó con una oración. Los religiosos dijeron que
cuando los senadores vayan a sus distritos durante el receso de finales
de marzo, pedirán a sus feligreses que llamen a sus congresistas para
insistirles en que apoyen una reforma migratoria amplia.
Planes sobre la mesa
El 28 de enero un grupo bipartidista de ocho senadores presentó los principios de una reforma migratoria basado en cuatro ejes: seguridad fronteriza, ciudadanía, verificación de empleo e inmigración legal.
De
la ciudadanía, puso como condición que no se abriría el camino una vez
esté asegurada la frontera. Y que quienes califiquen (indocumentados son
antecedentes penales que paguen impuestos y cancelen una multa, entre
otros requisitos) entrarán en un estado de no inmigrante que dilataría
10 años. Al término de ese plazo podrán pedir la residencia que, en la
actualidad, en algunos casos demora 20 años.
Un día después del
plan del senado, Obama presentó un proyecto similar pero con dos
modificaciones: asegurar la frontera de inmediato –porque ya está
garantizada- y abrir el camino a la ciudadanía para los 11 millones de
indocumentados. Quienes califiquen podrán gestionar la residencia de
inmediato, documento que les llegaría a su poder en un plazo de ocho
años. Deja de lado el estado de no inmigrante recomendado por el grupo
bipartidista del Senado.
En la Cámara de Representantes, por su
parte, un grupo bipartidista elabora en privado una propuesta de ley que
no tiene fecha de presentación. El plan incluiría la legalización de
miles de indocumentados, pero está en duda si concederá a los
indocumentados el derecho a pedir la ciudadanía.
Para ser
aprobada la reforma migratoria necesita 60 votos en el Senado, donde los
demócratas dominan con 53 asientos. En la Cámara de Representantes,
controlada por los republicanos, se necesitan 218 votos. La única manera
de aprobar un proyecto es por medio de un acuerdo bipartidista previo.

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