Un rebelde sirio extrae el corazón de un hombre muerto y lo muerde. Sus compañeros replican: "Dios es grande".
Esto se ve en un video que circula por Internet. El perturbador
material ha hecho que todo el mundo se pregunte: ¿Qué clase de personas
pueden hacer esto?
Nos decimos que esos hombres deben ser monstruos, gente totalmente
diferente a nosotros, a la que nunca entenderíamos. Pero no significa
que sea cierto. Simplemente es más cómodo para nosotros pensarlo de esa
manera.
La posibilidad más aterradora a la que debemos enfrentarnos es que un
mal semejante no es horrorosamente inhumano ni está fuera del alcance
de nuestro entendimiento. Es humano, muy humano.
¿Cómo es posible que un hombre común haga cosas tan terribles? Los
criminales de guerra que he conocido no empezaron profanando cadáveres,
torturando a los aldeanos o asesinando niños. Llegaron paulatinamente a
eso. Hay algunos que son monstruos por naturaleza, pero la mayoría de
los monstruos se crean.
Esta es la forma.
Primero, toma a un hombre (sí, la mayoría de las veces pertenece a
este género) y aíslalo. Sepáralo de su familia y amigos y enciérralo en
una burbuja de información, una caja de resonancia fuera del mundo
exterior. Haz que concuerde con los valores de su nuevo grupo por medio
de la explotación de su inseguridad y su necesidad de aprobación. Este
es el primer paso de toda guerra. Luego, entrénalo para pensar que el
mundo es blanco y negro, que no hay tonos de gris. Debe pensar de forma
binaria: eres mi amigo o mi enemigo, eres puro o impuro, la gente que
amas está a salvo o está en peligro inmediato... Es absolutamente
correcto o absolutamente equivocado.
Luego, agótalo físicamente. Derrota a su cuerpo y a su espíritu —por
medio de un entrenamiento brutal o de un combate prolongado— hasta que
no pueda pensar con claridad. Somételo a un sistema de castigos crueles y
arbitrarios con recompensas igualmente tiránicas.
Condiciónalo para que se sienta indefenso. Un hombre que siente que
ha perdido el control sobre su vida es un peligro, porque lastimar a
otros le hace sentir que tiene el control.
Después —y esta es la parte más importante—, ve poco a poco. Llévalo
paso a paso hacia las atrocidades. Ponlo en un ambiente extraño y
aterrador con un mínimo de orden. Deja que la agresión se intensifique.
Cada acto violento que cometa al tratar de sobrevivir hará que el
siguiente paso parezca más fácil y natural.
La primera vez que asesine a otra persona será aterradora. La
segunda, será difícil. La tercera o cuarta vez, empezará a parecer
fácil. Tarde o temprano competirá con sus compañeros para ver quién lo
hace más rápido, con mayor frecuencia y creatividad.
Al ver videos como este, al pensar en estas cosas, es fácil perder la
esperanza. En la guerra, ¿estamos condenados a caer en la barbarie?
La respuesta es no. La pesadilla que muestran esas imágenes no es
inevitable. Para detener las atrocidades, se pueden usar los mismos
pasos que se usaron para crearla: solo necesitas revertir el proceso.
Algunas personas nacen como héroes morales, pero la mayoría se hacen.
Así es como se logra.
Primero, toma a un joven y empieza poco a poco. Llévalo hacia el
altruismo y los valores paso a paso. Cada pequeña cosa que haga para
aliviar el sufrimiento de otro ser humano o para pelear contra la
injusticia logrará que el siguiente acto parezca más fácil y normal.
Luego, dale un sistema de reglas que tenga consecuencias predecibles.
Enséñale que tiene la capacidad de elegir en su vida y que esas
elecciones tienen importancia. Después, demuestra que los problemas del
mundo no se reducen simplemente a "nosotros contra ellos", "el bien
contra el mal". Dile que no hay soluciones fáciles a los problemas
complejos. Que aprenda a tolerar, sin miedo ni ansiedad, debe entender
que la vida es ambigua e incierta.
Finalmente —para quienes tienen hijos pequeños, como tú y como yo—
enséñales a buscar a "los otros": clubes y grupos, fuentes de
información alterna, nuevos lugares por conocer, distintas clases de
personas y diferentes valores culturales. Que sean conscientes de la
diversidad, para que cuando llegue el momento de ir a la guerra, siempre
recuerden ver el mundo a través de los ojos de los demás. Pelearán,
pero lo harán contra un enemigo al que verán como una persona igual a
ellos. Verán su humanidad y al hacerlo, conservarán la propia. Fuente CNN

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