Un estallido de ira en una mezquita. La publicación de un video sospechoso en YouTube. Una amistad con un imán elusivo.
Esas fueron solo algunas de las señales de que Tamerlan Tsarnaev,
acusado de ser el autor intelectual de los atentados en Boston, se había
incorporado a una vertiente virulenta del Islam que llevó a la
muerte de cuatro personas y a que más de 260 resultaran heridas.
¿Cómo se puede saber cuando las
creencias religiosas de una persona han rebasado los límites? La
respuesta puede no ser tan simple como crees, de acuerdo con los
eruditos que estudian varias clases de extremismo religioso. La línea
que divide a la religión buena de la mala es fina y es fácil hacer
suposiciones tendenciosas.
“Cuando se trata de algo que nos gusta, decimos que es un compromiso
con una idea; cuando es algo que nos desagrada, decimos que es
obediencia ciega”, dijo el profesor de Teología del Messiah College,
Douglas Jacobsen.
Pero hay señales para darse cuenta de que la fe de una persona se ha
transformado en fanatismo, si sabes qué buscar, según los especialistas.
Éstas son algunas:
1. Yo conozco la verdad; tú no
Una mañana de 1994, el reverendo Paul Hill mató de un disparo a John
Britton afuera de una clínica de abortos en Florida, Estados Unidos.
Hill formaba parte del Ejército de Dios, un grupo extremista cristiano
que predicaba que el aborto era un asesinato legalizado.
Los actos de Hill estaban motivados por una afirmación que casi todas
las religiones hacen: nosotros tenemos la verdad que los demás no
tienen. Esas afirmaciones pueden resultar letales cuando se vuelven
absolutas, o cuando no se da cabida a la interpretación, dice Charles
Kimball, autor del libro Cuando la religión se convierte en maldad.
“Las afirmaciones absolutas pueden volverse rápidamente la
justificación de la violencia (...) Frecuentemente es una transición
breve”, dijo Kimbal.
Las religiones sanas reconocen que la gente sincera puede estar en
desacuerdo acerca de las verdades más básicas, dice Kimball. La historia
de la religión está llena de ejemplos de verdades que alguna vez se
consideraban indudables, como la infalibilidad de la sagrada escritura,
la subyugación de las mujeres y la autorización de la esclavitud.
No obstante, las advertencias sobre las afirmaciones de verdad
absoluta tienen otra cara: gran parte de las religiones no existirían
sin ellas, dicen los expertos.
A lo largo de la historia, la gente común, exaltada por un
sentimiento de certeza absoluta, ha afirmado tener la gran verdad y ha
hecho el bien, dice Carl Raschke, profesor de Teología en la Universidad
de Denver.
Muchas de los grandes personajes religiosos de la historia —Moisés,
Jesús, el profeta Mahoma— creían que habían descubierto alguna verdad,
dicen los expertos.
Entonces, ¿cómo notar la diferencia entre las afirmaciones sanas de
verdad absoluta y las letales? Los especialistas dicen que hay que
observar los resultados: cuando la gente empieza a lastimar a los demás
en nombre de su verdad religiosa, han cruzado el límite.
2. Cuidado con el líder carismático
Fue uno de los atentados terroristas más letales de la historia de
Japón. En marzo de 1995, la secta religiosa llamada Aum Shinrikyo liberó
un gas neurotóxico letal en una estación del metro de Tokio; murieron
12 personas y 5,000 resultaron con daños.
Meses después, la policía encontró a Shoko Asahara, el fundador de la
secta, escondido en una habitación llena de dinero y lingotes de oro.
Asahara aislaba a sus seguidores; les exigía devoción incuestionable y
les decía que no tenían que seguir pensando por sí mismos.
Cualquier religión que limite la libertad intelectual de sus seguidores es peligrosa, explica Kimball.
“Es importante tener un líder carismático, pero en las religiones
sanas, siempre existe un proceso en el que se fomentan las dudas”, dijo
Kimball.
Alejar a los seguidores de los líderes carismáticos corruptos puede
tomar años, pero algunos especialistas pueden lograrlo, cuando saben
hablar el mismo idioma, dice Ed Husain, especialista en extremismo
musulmán y socio del Consejo para las Relaciones Exteriores en Nueva
York.
En países como Arabia Saudita y Egipto algunos imanes acuden a las
cárceles para hablar con jóvenes presos que han adoptado el “islamismo” o
alguna otra forma extrema del Islam que autoriza el uso de violencia en
contra de los civiles, dice Husain. “El antídoto contra el extremismo
es la misma religión (...) No se debe excluir al Islam del debate, sino
usarlo para contrarrestar al islamismo”.
3. El fin justifica los medios
Fue uno de los mayores escándalos que la Iglesia Católica Romana ha enfrentado y hoy todavía se sienten los efectos.
En enero de 2002, el diario The Boston Globe publicó una
historia acerca del padre John Geoghan, un sacerdote que fue transferido
de parroquia en parroquia tras haber abusado de varios niños. Más tarde
se reveló que las autoridades católicas habían pagado discretamente al
menos 10 millones de dólares para apaciguar las demandas en contra de
Geoghan.
Los personajes religiosos empezaron a justificar un mal en nombre de
un bien mayor. “El común denominador era tratar de proteger la
integridad de la Iglesia. Se generan todas estas racionalizaciones: no
se puede permitir que el escándalo acabe con toda la Iglesia, así que
hay que pagarle a esta familia y enviar a los sacerdotes a
rehabilitación”, dijo Kimball.
Esas racionalizaciones están tan generalizadas (desde los suicidas
que se inmolan con una bomba, hasta los personajes corruptos de la
Iglesia) que los movimientos religiosos que las evitan, sobresalen,
dicen los especialistas.
El reverendo Martin Luther King Jr. y sus compañeros activistas
renunciaron a la violencia incluso cuando los atacaban y a veces los
asesinaban. “Estaban dispuestos a entregar su vida por sus convicciones,
pero lo increíble es que no se desquitaban cuando eran víctimas de la
violencia”, dijo Jacobsen, el profesor de Teología del Messiah College.
En cierta forma, es fácil decir que nunca adoptaríamos una religión
que sea malvada. Pero cuando usamos la palabra “malvada” para describir a
quienes matan en nombre de su religión, ya estamos imitando eso mismo
que condenamos, dice Jacobsen.
En su nuevo libro, La religión en la educación universitaria deja de ser invisible,
Jacobson escribe que decir que una religión es malvada es peligroso,
porque “los actos malos o equivocados pueden corregirse, pero al mal,
típicamente es necesario destruirlo”.
“Etiquetar a alguien o a algo como malvado es satanizarlo; ponerlo en
una categoría de otredad sobre la que no se aplican las reglas de la
vida normal, en donde el fin frecuentemente justifica cualquier medio”,
escribe Jacobson.
4. El final está cerca
En 1970, un pastor publicó el libro The Late, Great Planet Earth (La agonía del gran planeta Tierra).
La obra relacionaba las profecías bíblicas con eventos políticos como
la victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días en 1967 y
predecía el retorno inminente del anticristo y el fin del mundo.
Se calcula que se han vendido 15 millones de copias del libro del
pastor texano Hal Lindsey y a muchas más personas les fascina la idea de
que los cielos se abrirán pronto porque el fin está cerca.
Esa teología del fin de los tiempos puede resultar letal cuando uno
de sus creyentes decide 'apresurar ese momento' al ejecutar algún acto
drástico o violento, dijo John Alverson, presidente del departamento de
Teología de la Universidad Carlow.
“Un terrorista religioso cree equivocadamente que Dios le ordenó o le
pidió llevar a cabo la voluntad de Dios en la Tierra ahora, no
gradualmente, ni de acuerdo con el lento y caprichoso libre albedrío de
los demás humanos”, dijo Alverson.
“La esperanza es buen desayuno, pero no es muy buena para la cena”, dijo Alverson.

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