León Ferrari nunca le tuvo miedo al infierno. Ni a Dios, ni a la Iglesia y mucho menos al Papa Francisco, a quien la obra del artista plástico argentino, crítica y ácida con la religión, las dictaduras, las guerras y la intolerancia, llegó a ofenderlo tanto que lo calificó como “una vergüenza” para Buenos Aires.
La retrospectiva de Ferrari en el Centro Cultural Recoleta, en 2004; una serie de esculturas de alambre (1961-80s), encapsulamientos en botellas, dibujos, y diversas técnicas y lenguajes que integró en su visión plástica (grabados, braille y heliografías), causó controversia en la comunidad católica y llevó a Bergoglio a escribir una carta pastoral en la que se quejaba “muy dolido por la blasfemia perpetrada en el Centro Cultural Recoleta… Desde hace algún tiempo, la ciudad ha sido testigo de algunas expresiones públicas de burla y ofensa a Nuestro Señor Jesucristo y de la Virgen María”.






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