Wilson Fernando López era un joven de apenas 17 años que vivía junto a sus padres en un barrio de la ciudad de Manizales, en Colombia. Tenía una personalidad tímida, que le impidió por mucho tiempo acercarse a otras personas.
Cambió su forma de relacionarse el día que Ana apareció en su vida. Nada más verla quedó prendado… y ciego. “Era una hermosa joven de ojos verdes claros, bellísima, con un rostro de inocencia casi angelical. Un día me invitó a una fiesta, llegamos a una casa grande y me fijo al momento de entrar que estaba todo oscuro. Caminamos, entré con ella a un lugar donde habían otros muchachos que se colocaron una sotana oscura. Temeroso no le solté la mano y también me vistieron con esta sotana”.





