“Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y
guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como
ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti... Por cuanto has
guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora
de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los
que moran sobre la tierra. He aquí, yo vengo pronto; retén lo que
tienes, para que ninguno tome tu corona.” (Apocalipsis 3: 8, 10, 11)
Permítanme comenzar definiendo la palabra “
apostasía”.
Según su etimología, en griego, “apostasía” es deserción, rebelión,
abandono, retirada, separación de aquello a lo que se ha acercado
antes. Es así como en el contexto bíblico significa: cortar la relación
salvadora de uno con Cristo o apartarse de la unión vital con El y la
verdadera fe en El.
¿Quién es un apóstata? Es alguien que cree,
que recibe la Palabra; aunque superficialmente, la acepta por un
tiempo, cree todo con la mente (parte de la carne), pero sin hacerlo
algo personal ni parte de su vida; conoce la verdad pero no la aplica.