Recuerdo el tiempo cuando Dave y yo necesitábamos un milagro cada mes para pagar nuestras cuentas. Yo había renunciado a mi trabajo para pasar más tiempo preparándome para el ministerio a tiempo completo, lo cual recortó nuestros ingresos a la mitad.
Cada vez que pagaba mis cuentas, me enojaba porque no teníamos suficiente dinero. Esto se volvió una rutina. Yo me sentaba a la mesa con todas las cuentas, la chequera y una calculadora frente a mí, mientras Dave estaba en la otra habitación jugando con los niños, riéndose y divirtiéndose.Esto finalmente nos llevaba a una conversación algo así…
Yo: No tenemos dinero suficiente para pagar nuestras cuentas cada mes.
Dave: Sí y cada mes Dios siempre provee.
Yo: Bien, ¿cómo va a proveer este mes? ¿Por qué no haces algo?
Dave: ¿Qué quieres que haga? ¿Crees que estamos en la voluntad de Dios?
Yo: Sí, creo que estamos en la voluntad de Dios.
Dave: ¿Crees que Dios te dijo que renunciaras a tu trabajo?
Yo: Sí, creo que Dios me dijo que renunciara a mi trabajo
Dave: ¿No ha estado Dios cuidando de nosotros cada mes?
Yo: Sí, sí….


















